POESIA that is not ours is the best kind of poetry. Here are some poems we wish we had written.

 

Esta Ciudad es de Mentira

Mario Benedetti

No puede ser.
Esta ciudad es de mentira.
No puede ser que las palmeras se doblen
a acariciar la crin de los caballos
y los ojos de las putas sean tiernos
como los de una Venus de Lucas Cranach
no puede ser que el viento levante las polleras
y que todas las piernas sean lindas
y que los consejales vayan en bicicleta
del otoño al verano y viceversa.

No puede ser.
Esta ciudad es de mentira.
No puede ser que nadie sienta rubor de mi pereza
y los suspiros me entusiasmen tanto como los hurras
y pueda escupir con inocencia y alegría
no ya en el retrato sino en un señor
no puede ser que cada azotea con antenas
encuentre al fin su rayo justiciero y puntual
y los suicidas miren el abismo y se arrojen
como desde un recuerdo a una piscina.

No puede ser.
Esta ciudad es de mentira.
No puede ser que las brujas sonrían a quemarropa
y que mi insomnio cruja como un hueso
y el subjefe y el jefe de policía lloren
como un sauce y un cocodrilo respectivamente
no puede ser que yo esté corrigiendo las pruebas
de mi propio elogiosísimo obituario
y la ambulancia avance sin hacerse notar
y las campanas suenen sólo como campanas.

No puede ser.
Esta ciudad es de mentira.
O es de verdad
y entonces
está bien
que me encierren.

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Comunicaciones

Amanda Berenguer

 
Urge el pensamiento conectando
¿se siente? ¿alguien entre líneas?
¿errata? ¿paréntesis? ¿qué signo?
¿escuchan?
(La claridad del lenguaje
tiene apenas
la intensidad ambigua del poniente)
Estamos aquí, lanzados a la noche
terrestre, apretujados,
aquí, en la noche terrestre.
De nuevo el hilo
el cable roto, el deslumbrante
cortocircuito.
¿No oyen? ¿No se oye?
Palabras mías, insensatas,
hechas de furor y de locura,
cuantiosa tesitura negra

 

a borbotones desbordándose
hacia dentro, hacia
el fondo
interpolado de rígidas luciérnagas.

Tiembla y destella, hace señales,
todas son huellas de la eternidad,
enumeradas y prolijas,
cuernos de caza, al mundo
aullidos de perros, está el desierto,
toques de peligro, inútilmente,
pasos cambiados, ¿dónde?
campanas para niebla, una piel fosforescente,
pedidos de auxilio, y envenenada,
sirenas de patrulleros, llamando,
gritos de alarma, 
bocinas de ambulancias, se hace tarde,
quiero saber si se hace tarde.

Un código de emergencia,
un vaso de agua, un hueso
para la inteligencia,
un alfabeto de clave radioactiva,
o telepática, o nuclear,
o una sustancia de amor
para esta extrema ubicación,
25 de abril de 1963, otoño,
en mi casa, hemisferio austral,
aparentemente a la deriva.

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Y El Pan Nuestro

Juan Carlos Onetti

Sólo conozco de ti
la sonrisa gioconda
con labios separados
el misterio
mi terca obsesión
de desvelarlo
y avanzar porfiado
y sorprendido
tanteando tu pasado

 

Sólo conozco
la dulce leche de tus dientes
la leche plácida y burlona
que me separa
y para siempre
del paraíso imaginado
del imposible mañana
de paz y dicha silenciosa
de abrigo y pan compartido
de algún objeto cotidiano
que yo pudiera llamar
nuestro

El Sur También Existe

Mario Benedetti

Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirenas
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de dios padre
y de las charreteras
con sus llaves del reino
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
el hambre disponible
recurre al fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohibe
con su esperanza dura
el sur también existe

con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
con sus gesta invasora
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol 
y también los eclipses
apartando lo inútil 
y usando lo que sirve
con su fe veterana
el Sur también existe

con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana 
y sus llaves inglesas
con todos su misiles 
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
con todos sus laureles
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el Sur también existe

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Puertas 

Gabriela Mistral

Entre los gestos del mundo 
recibí el que me dan las puertas. 
En la luz yo las he visto 
o selladas o entreabiertas 
y volviendo sus espaldas 
del color de la vulpeja. 
¿Por qué fue que las hicimos 
para ser sus prisioneras? 

Del gran fruto de la casa 
son la cáscara avarienta. 
El fuego amigo que gozan 
a la ruta no lo prestan. 
Canto que adentro cantamos 
lo sofocan sus maderas 
y a su dicha no convidan 
como la granada abierta: 
¡Sibilas llenas de polvo, 
nunca mozas, nacidas viejas! 

Parecen tristes moluscos 
sin marea y sin arenas. 
Parecen, en lo ceñudo, 
la nube de la tormenta. 
A las sayas verticales 
de la Muerte se asemejan 
y yo las abro y las paso 
como la caña que tiembla. 

«¡No!», dicen a las mañanas 
aunque las bañen, las tiernas. 
Dicen «¡No!» al viento marino 
que en su frente palmotea 
y al olor de pinos nuevos 
que se viene por la Sierra. 
Y lo mismo que Casandra, 
no salvan aunque bien sepan: 
porque mi duro destino 
él también pasó mi puerta. 

Cuando golpeo me turban 
igual que la vez primera. 
El seco dintel da luces 
como la espada despierta 
y los batientes se avivan 
en escapadas gacelas. 
Entro como quien levanta 
paño de cara encubierta, 
sin saber lo que me tiene 
mi casa de angosta almendra 
y pregunto si me aguarda 
mi salvación o mi pérdida. 

Ya quiero irme y dejar 
el sobrehaz de la Tierra, 
el horizonte que acaba 
como un ciervo, de tristeza, 
y las puertas de los hombres 
selladas como cisternas. 
Por no voltear en la mano 
sus llaves de anguilas muertas 
y no oírles más el crótalo 
que me sigue la carrera. 

Voy a cruzar sin gemido 
la última vez por ellas 
y a alejarme tan gloriosa 
como la esclava liberta, 
siguiendo el cardumen vivo 
de mis muertos que me llevan. 
No estarán allá rayados 
por cubo y cubo de puertas 
ni ofendidos por sus muros 
como el herido en sus vendas. 

Vendrán a mí sin embozo, 
oreados de luz eterna. 
Cantaremos a mitad 
de los cielos y la tierra. 
Con el canto apasionado 
heriremos puerta y puerta 
y saldrán de ellas los hombres 
como niños que despiertan 
al oír que se descuajan 
y que van cayendo muertas.